Rosal en el desierto
Este será personal...
Todos cometemos errores... tenemos derecho a cometerlos; nuestra condición humana nos lo permite. Hay errores que podemos comprender y que no hace falta perdonar, hay errores que ocasionan heridas profundas y que aún así es posible reparar el daño. Hay errores que ante tantos atenuantes no requieren explicación, errores que en nombre de la historia, del afecto, del sentimiento no requieren palabras...
Desafortunadamente hay errores que no son graves per se; son graves por la forma en que se traducen y hieren. Hay errores que rompen balanzas, que pesan mucho más que los años y la historia, que pesan más que las miradas y las lágrimas. Hay errores estúpidos que cometemos sin pensar y sin SIGNIFICAR; errores de sintaxis, errores de gramática que cambian por completo el sentido de una frase y terminan hiriendo a quien menos podríamos herir y es eso lo que realmente mata. Saber que un error de sintaxis lastimó a alguien.
Hay momentos en los que lo más que podemos hacer para remediarlos es... nada.
El pedir perdón por algo no hecho no basta, no basta recorrer miles de kilómetros, no bastan las palabras, no bastan las lágrimas, no basta la razón ni es apreciado el sentimiento. Tratar de llenar de razones lógicas a un muro inmenso es absurdo, mis más brillantes y honestos argumentos y sentimientos se convierten en sal al pedir a un témpano de hielo que sienta; es tanto el frío que se siente que parece más factible esperar que un rosal florezca en un desierto...
Y heme aquí, después de mirarme horas en el espejo, de leer y volver a leer, de ponerme en zapatos ajenos, de odiarme un poco por no pensar un poco más... heme aquí diciendo cuánto lamento no haber pensado más, sosteniendo esa totalidad que representas aquí; pidiendo públicamente a un témpano de hielo que sienta, que mire, que escuche, que recuerde, que entienda; pidiendo con toda mi alma, orando con toda mi fe para que un rosal florezca en el desierto.

1 comentario:
No entiendo a qué te refieres en sí, Ice pero me preocupa leerte. Contesta el teléfono si necesitas hablar y mientras te dejo una cosa clara: los ojos de la otra persona son la ventana al alma; no jusguez sin mirar a los ojos de quien te hirió.
Llama pronto.
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