La excusa perfecta
Eras la excusa perfecta.
La excusa perfecta para dejar a Alejandro, para dejar de salir con Joaquin, para no salir con otras personas. Eras la excusa perfecta para cantar, para salir con mis amigos y para divertirme los domingos.
Te convertí en mi excusa inclusive para sentirme triste, para tratar de demostrar que alguien me puede importar de esa manera, mi excusa para hablar en el café y para deprimirme por gusto. Te converti en mi excusa para ti mismo.
La excusa perfecta para dejar a Alejandro, para dejar de salir con Joaquin, para no salir con otras personas. Eras la excusa perfecta para cantar, para salir con mis amigos y para divertirme los domingos.
Te convertí en mi excusa inclusive para sentirme triste, para tratar de demostrar que alguien me puede importar de esa manera, mi excusa para hablar en el café y para deprimirme por gusto. Te converti en mi excusa para ti mismo.
Eras mi excusa guardada en un cajón de mi escritorio. Te sacaba cuando te necesitaba (como toda excusa) y al dejar de necesitarte te volvía a guardar.
La ultima vez que te saqué de mi cajón me pasó por la cabeza la idea de que podrías dejar de ser excusa y convertirte en razón... pasaron 15 minutos luego de desempolvarte y me di cuenta de que habías dejado de ser excusa cuando te convertiste en quien sea que eres ahora... y que eso me hacía prohibirte convertirte en razón. Supe entonces que solo me gustabas como excusa.
Qué lastima... eras la excusa perfecta.
Hoy me di cuenta de que la excusa perfecta soy yo.

2 comentarios:
Muy bueno, aunque pense que la excusa era tu blog, salu2
Noo! El blog a estas alturas es una herramienta.
Gracias por tus comentarios... aunque sigo pensando en eso de "bomba".
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